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HOUSE IN LA VICENTINA

CASA EN LA VICENTINA


  • Arquitectos: Al Borde

    Sostenibilidad: Grupo de Investigación Scinergy

    Colaboradoras Al Borde: María Fernanda Heredia, Melissa Narváez

    Colaboradores Scinergy: Estefany Vizuete, Joel Vega

    Ubicación: La Vicentina, Quito, Ecuador

    Área del Terreno: 200 m2 

    Área Construida: 210 m2

    Diseño: 2020-2023

    Construcción: Agosto 2023 – Agosto 2024

    Constructor: Al Borde 

    Ingeniería Estructural: Patricio Cevallos

    Planimetría: Carolina Quishpe

    Fotografía: JAG Studio

    ODS: 6 – Agua Limpia y Saneamiento. 7 – Energía Asequible y no Contaminante. 9 – Industria, Innovación e Infraestructura. 11 – Ciudades y Comunidades Sostenibles. 12 – Producción y Consumo Responsables. 

    ISO 37120*: 3 – Energía. 4 – Medio Ambiente y Cambio Climático. 11 – Vivienda.  12 – Residuos Sólidos. 16 – Urbanismo. 17 – Aguas Residuales. 18 – Agua y Saneamiento. 

    *Desarrollo sostenible en las ciudades y comunidades — Indicadores de servicios urbanos y calidad de vida

  • El proyecto se emplaza en La Vicentina, un barrio tradicional de clase media en Quito, Ecuador. La ubicación del lote en una escalinata imposibilita tener parqueadero, lejos de ser una desventaja, se alinea con el estilo de vida del propietario, que es usuario frecuente de la bicicleta. Además, la topografía en ladera brinda la oportunidad de aprovechar la vista hacia el cerro Auqui. A estas condicionantes se suman las necesidades del cliente: una vivienda para uso propio, una más pequeña para su hija, y un espacio común versátil que pueda funcionar como taller o área social.

    La casa es el proyecto personal de Freddy Ordóñez, Ingeniero Mecánico, profesor universitario y director del grupo de investigación SCINERGY de la Escuela Politécnica Nacional. El proyecto demuestra la factibilidad de construir una vivienda resiliente en zona urbana, cuyas estrategias pueden ser replicadas en regiones ecuatoriales. La vivienda se ha convertido en parte integral de su investigación que, equipada con sensores, genera datos que el grupo analiza para comprobar su adecuado funcionamiento.

    HACIENDO VECINDAD

    La forma del proyecto privilegia la verticalidad para liberar espacio en planta baja. Se crean dos volúmenes delgados que maximizan la superficie del patio. Esta operación de compactación genera un patio central que se suma al patio vecino, integrando el árbol de jacarandá existente. La forma trapezoidal del patio es resultado de optimizar la ganancia solar mediante la reducción del extremo este y la ampliación del extremo oeste. 

    La estrechez de las plantas hace que se asigne una función principal a cada nivel: el área social en la planta baja, una habitación y un estudio en el primer piso, y otra habitación en el segundo. La progresiva reducción del área requerida en cada nivel permite retraer las plantas, creando terrazas orientadas al este. Estas terrazas se abren a la vista, captan radiación solar, conectan con el barrio  y refuerzan la relación con el exterior.

    La ausencia de un muro perimetral entre la calle y la vivienda, sumada a la orientación de las ventanas hacia el espacio público, no es casual. Estas decisiones de diseño generan una vigilancia comunitaria espontánea, donde la mayor visibilidad disuade actos delictivos y, al mismo tiempo, promueve la interacción social y fortalece el sentido de comunidad. Así, la arquitectura no solo satisface la necesidad del cliente de conectarse con su barrio, sino que se convierte en una herramienta activa para construir vecindad.

    LO QUE EL ENTORNO NOS DA

    La presencia del eucalipto en el paisaje quiteño es un recordatorio de las decisiones tomadas en el pasado y sus consecuencias a largo plazo. Introducido en Ecuador en 1865 durante el gobierno de Gabriel García Moreno, el eucalipto se promovió como un recurso de rápido crecimiento para la construcción y la forestación. Sin embargo, su naturaleza invasiva ha generado efectos negativos en el ecosistema andino: los bosques de eucalipto se expandieron rápidamente, impidiendo el crecimiento de especies locales y erosionando el suelo. 

    En este proyecto, las columnas se resuelven con pingos (madera rolliza de eucalipto) de 9 metros de largo, sin que esto represente un requerimiento técnico complejo. Los pingos fueron obtenidos de un bosque cercano, a 12.3 km de la obra, en el cual su propietario está sustituyendo los eucaliptos para sembrar especies nativas, restaurando así el equilibrio ecológico. Además, esta proximidad del bosque facilita un control completo del proceso y la trazabilidad de los materiales, aspectos que suelen ser complejos en la construcción convencional.

    La construcción con pingos ofrece una eficiencia notable porque se elimina la necesidad de procesamiento y transformación de la madera. Utilizar el tronco en su estado natural permite el aprovechamiento máximo del material, reduciendo el consumo de energía y los desperdicios generados en la industrialización, donde se busca obtener piezas ortogonales de tamaños estándar. Como resultado, la elección de pingos para la estructura reduce significativamente las emisiones de carbono incorporadas y operativas.

    PIEL DE LADRILLO

    La madera debe ser protegida. Se decide que esta protección sea de ladrillo por su resistencia frente a agentes climáticos pero además porque nos aporta algo fundamental al proyecto: la capacidad de captar calor, almacenarlo y liberarlo gradualmente. La piel está separada de la irregular madera rolliza para facilitar la construcción.

    La combinación de ladrillo y madera en una zona sísmica como Quito representó desafíos estructurales. Una pared de 14cm de ladrillo no puede soportar tres pisos por sí sola. En este proyecto, se busca la colaboración entre ambos sistemas: el esqueleto se resuelve con pingos mientras que el ladrillo aporta rigidez. 

    Se optó por ladrillo artesanal, producido en ladrilleras que son negocios familiares, esta decisión no se basa en la falta de acceso a ladrillos industriales, sino en una búsqueda de favorecer a pequeños productores locales.

    DE LO INDIVIDUAL A LO COLECTIVO

    La casa es un laboratorio abierto para la investigación. El diseño prioriza el confort térmico pasivo, con estrategias como la orientación solar, ventilación cruzada, masa térmica y aislamiento en techos y suelos, logrando un 72% de horas de confort térmico interior, en una ciudad donde las viviendas rara vez sobrepasan el 40% de horas de confort anuales. También, la vivienda alcanza un balance neto cero de energía eléctrica gracias a un sistema fotovoltaico, el uso de bomba de calor para el calentamiento de agua y la reducción de consumo eléctrico. Así mismo, el consumo de agua se reduce en un 40% mediante la recolección de agua de lluvia y el tratamiento de aguas grises. Finalmente, la elección de madera de eucalipto para la estructura, entrepisos y techo, junto con ladrillo artesanal para la mampostería, reduce el carbono embebido en un 80% en comparación con la construcción convencional, según estudios en curso.

    El patio central de la casa está diseñado como un espacio de infiltración, lo que contribuye a la recarga de los acuíferos de la ciudad. Cada acción cuenta, si consideramos que las fuentes de agua están cada vez más distantes y que las zonas urbanas sufren más por la provisión de agua. Si, en lugar de depender únicamente de grandes infraestructuras para abordar el cambio climático en las ciudades, se promueven proyectos con pequeñas acciones replicables, la solución no recae solo en inversiones masivas del Estado, al contrario, la sumatoria de acciones individuales puede reducir la dependencia de infraestructuras a gran escala, demostrando cómo lo micro puede influir en lo macro.

  • 2025, Al Borde. Progettare per Luoghi e Persone/ IoARCH - 118 / Por_By: Carlo Ezechieli

    2025, Ecuador Contempóraneo / Revista Plot - No 78

    2025, Casa en La Vicentina / Archdaily / Por_By: Valentina Díaz

    2025, Casa em La Vicentina / Archdaily Brasil / Por_By: Valentina Díaz

    2025, Casa en La Vicentina / Revista Ambientes

  • Planos

  • Architects: Al Borde

    Sustainability: Scinergy Research Group

    Collaborators - Al Borde: María Fernanda Heredia, Melissa Narváez

    Collaborators - Scinergy: Estefany Vizuete, Joel Vega

    Location: La Vicentina, Quito, Ecuador

    Site Area: 200.00 sqm

    Built Area: 210.00 sqm

    Design: 2020-2023

    Construction: August 2023 – August 2024

    Builder: Al Borde 

    Structural Engineering: Patricio Cevallos

    Blueprints: Carolina Quishpe

    Photography: JAG Studio

    SDG: 6 - Clean Water and Sanitation. 7 - Affordable and Clean Energy. 9 - Industry, Innovation and Infrastructure. 11 - Sustainable Cities and Communities. 12 - Responsible Consumption and Production.

    ISO 37120*: 3 – Energy. 4 - Environment and Climate Change. 11 – Shelter. 12 - Solid Waste. 16 - Urban Planning. 17 – Wastewater. 18 Water and Sanitation.

    *Sustainable cities and communities — Indicators for city services and quality of life

  • The project is located in La Vicentina, a traditional middle-class neighborhood in Quito, Ecuador. The lot's location on a staircase makes parking impossible; however, far from being a disadvantage, this aligns with the owner's lifestyle, as he is a frequent bicycle user. Furthermore, the hillside topography offers the opportunity to capitalize on views towards Cerro Auqui. Coupled with these conditions are the client's needs: a home for personal use, a smaller one for his daughter, and a versatile common space that can function as a workshop or social area.

    The house is the personal project of Freddy Ordóñez, a Mechanical Engineer, university professor, and director of the SCINERGY research group at the National Polytechnic School. The project demonstrates the feasibility of building a resilient home in an urban area, with strategies that can be replicated in equatorial regions. The house has become an integral part of his research; equipped with sensors, it generates data that the group analyzes to verify its proper functioning.

    FOSTERING NEIGHBORLINESS

    The project's form prioritizes verticality to free up space on the ground floor. This creates two slender volumes that maximize the courtyard area. This compaction strategy results in a central patio that seamlessly merges with the neighboring yard, incorporating the existing jacaranda tree. The patio's trapezoidal shape optimizes solar gain by narrowing the east end and widening the west end.

    The narrowness of the floor plans assigns a primary function to each level: the social area on the ground floor, a bedroom and a study on the first floor, and another bedroom on the second. The progressive reduction of the required area on each level allows for the retraction of the upper floors, creating east-facing terraces. These terraces open up to the views, capture solar radiation, connect with the neighborhood, and strengthen the relationship with the outdoors.

    The absence of a perimeter wall between the street and the house, along with the windows' orientation towards the public space, is no coincidence. These design decisions generate spontaneous community surveillance, where increased visibility deters criminal acts and, at the same time, promotes social interaction and strengthens the sense of community. Thus, the architecture not only fulfills the client's need to connect with his neighborhood but also becomes an active tool for building neighborliness.

    HARNESSING OUR SURROUNDINGS

    The presence of eucalyptus trees in Quito's landscape is a stark reminder of past decisions and their long-term consequences. Introduced in Ecuador in 1865 during Gabriel García Moreno's government, eucalyptus was promoted as a fast-growing resource for construction and forestry. However, its invasive nature has generated negative effects on the Andean ecosystem: eucalyptus forests rapidly expanded, preventing the growth of local species and eroding the soil.

    In this project, the columns are made of pingos (round eucalyptus timber) 9 meters long, which didn't pose a complex technical requirement. The pingos were sourced from a nearby forest, just 12.3 km from the construction site, where the owner is replacing eucalyptus trees with native species, thus restoring ecological balance. Furthermore, this proximity to the forest allows for complete control over the process and traceability of materials, aspects often complex in conventional construction.

    Building with pingos offers remarkable efficiency because it eliminates the need for wood processing and transformation. Using the log in its natural state maximizes material utilization, reducing energy consumption and waste generated in industrialization, where the goal is to obtain orthogonal pieces of standard sizes. As a result, choosing pingos for the structure significantly reduces both embodied and operational carbon emissions.

    THE BRICK SKIN

    Wood needs protection. Brick was chosen for this purpose due to its resistance to weather and because it offers something fundamental to the project: the ability to capture, store, and gradually release heat. The brick skin is separated from the irregular round timber to facilitate construction.

    The combination of brick and wood in a seismic zone like Quito presented structural challenges. A 14cm brick wall can't bear three stories on its own. In this project, a collaboration between both systems was sought: the skeleton is resolved with pingos while the brick provides rigidity.

    Handmade bricks were chosen, sourced from family-owned brickyards. This decision wasn't due to a lack of access to industrial bricks, but rather a desire to support small local producers.

    FROM INDIVIDUAL TO COLLECTIVE

    The house functions as an open laboratory for research. Its design prioritizes passive thermal comfort through strategies like solar orientation, cross-ventilation, thermal mass, and insulation in roofs and floors. This achieves 72% of indoor thermal comfort hours, in a city where homes rarely exceed 40% of annual comfort hours. Additionally, the house reaches net-zero electricity balance thanks to a photovoltaic system, the use of a heat pump for water heating, and reduced electricity consumption. Likewise, water consumption is cut by 40% through rainwater harvesting and greywater treatment. Finally, the choice of eucalyptus wood for the structure, floor slabs, and roof, along with artisanal brick for the masonry, reduces embodied carbon by 80% compared to conventional construction, according to ongoing studies.

    The house's central courtyard is designed as an infiltration space, contributing to the recharge of the city's aquifers. Every action counts, especially considering that water sources are increasingly distant and urban areas suffer more from water provision challenges. If, instead of solely relying on large infrastructures to address climate change in cities, projects with small, replicable actions are promoted, the solution doesn't rest solely on massive state investments. On the contrary, the sum of individual actions can reduce dependence on large-scale infrastructures, demonstrating how the micro can influence the macro.

  • 2025, Al Borde. Progettare per Luoghi e Persone/ IoARCH - 118 / Por_By: Carlo Ezechieli

    2025, Ecuador Contempóraneo / Revista Plot - No 78

    2025, Casa en La Vicentina / Archdaily / Por_By: Valentina Díaz

    2025, Casa em La Vicentina / Archdaily Brasil / Por_By: Valentina Díaz

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  • Blueprints

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